“Este fin de semana vi un documental sobre David Lynch, One (del que esperaba mucho más, pero bueno, hay momentos entrañables, sobre todo cuando sale él trabajando con sus manos en el taller de carpintería-fontanería-electricidad-chapa y pintura que tiene montado en su casa; el tío es un manitas), y decía algo que comparto al 100%, que era algo así como que siempre se creyó que para crear había que sufrir, pero que es todo lo contrario: si intentas pasártelo bien con tu trabajo los resultados son mucho más profundos y despejados. Hay trabajar en lo que te apetece, concentrado en eso, sin pensar en grandes obras, inventar sin pensar que estás haciendo una obra, y luego ya se convertirá en obra, si es que eso ocurre. Cuando vi a Lynch diciendo eso recordé a Luis Macías, en bar de Brooklyn ante unas cervezas y unos nachos gigantes con guacamole que comíamos con verdadero apetito, diciéndome que le gustaba aquello que decía John Cage: trabaja duro y pásatelo bien con lo que haces en cada instante, y de vez en cuando, sólo muy de vez en cuando, recuerda que estás haciendo una obra. Aina Lorente y yo acabábamos de hacer de ayudantes en su obra Scan Land, y aquello era la confirmación de una coherencia total entre la teoría y la práctica en los trabajos de Luis. Y todo eso, ayer domingo, me llevó a recordar algo que decía también Félix de Azúa en su Diccionario de las Artes, algo así como: no te apures y disfruta, si hay talento la obra sale, casi por sí sola, y si no hay talento por mucho que te esfuerces y sufras, no saldrá jamás. Tengo por costumbre trabajar sólo en aquello en lo que disfruto y en lo que me proporciona emociones al margen de hacia dónde se encamine ese trabajo, sin pensar mucho en posibles futuros que condicionan la trayectoria de lo que estoy haciendo. Creo es de esa “emoción sin dirección” de donde salen de repente las cosas que al final hacen que una obra valga la pena. Por eso ayer fue un domingo chulo, casi feliz, trabajaba en mis cosas y espontáneamente me guiaba por un instinto similar al de esas personas a las que admiro. Evidentemente, no es que me compare con ellos, es sólo una forma de abordar y entender el propio acto creativo, ya sea escribir un libro o inventarse una nueva manera de atarse los zapatos. Y en estos trabajos de WeAreQQ, así como en los de Macías, percibo eso también. A lo mejor me confundo, no estoy dentro de sus cabezas para saber qué piensan, pero a mí me comunican eso, y es lo que me importa.”— Nota final de Agustín Fernández Mayo en su post WeAreQQ + Luis Macías + Domingo de Agosto.
Cita que debo a Juan Freire, que la publicó en su Tumblr.
